Costa Rica no necesita nieve para tener diciembre: le basta con luces en la ciudad, música en la calle y esa sensación de “se acaba el año y hay que celebrarlo”. Lo cultural no solo vive en museos, vive en lo cotidiano.

El Festival de la Luz: El ritual urbano por excelencia, donde la comunidad mira lo mismo al mismo tiempo.

El Tope Nacional (26 de diciembre): La tradición que mezcla desfile, identidad equina y multitud.

El Teatro Navideño: Temporadas como El Cascanueces se vuelven costumbre que pasa de generación en generación.
Las tradiciones no son “cosas viejas”; son recordatorios de quiénes somos cuando el año se apaga. Y tal vez por eso diciembre se siente tan lleno: porque, en el fondo, es cultura en su forma más humana.
